martes, 5 de enero de 2010

Cereales y broncas

(Cap.6)

La cena transcurrió tranquilamente y con muchos momentos de risas.
Se había servido camarones de entrada, con unas exquisitas salsas suaves, y cerdo bien rosado con una salsa agridulce color caramelo como plato principal. También se sirvieron variadas ensaladas, yo escogí una sencilla de lechuga y tomate al igual que Leicia, Cailea había escogido una ensalada césar y Connor una de arvejas con crema blanca y nuez moscada.
A pesar del ambiente tan extravagante, me sentí muy cómoda y gracias al vino me pude soltar un poco más.

Lei y Connor eran muy compinches. El muchacho era parecido a ella en el sentido de que podía reírse de casi cualquier cosa y su bella sonrisa encantaba a todos.
Varias veces me encontré contemplándolo en sus momentos más felices, y por algún motivo sentí que si lo tocaba me transmitiría su felicidad multiplicada.
Deseé poder hacer esto durante toda la noche, pero no me animé. Cuando quise acordar, ya era el momento del postre, un tiramisú con muy buena pinta.
- Ah, entonces allá pueden apreciar los cerros bastante de cerca ¿no? - quería confirmar Cailea. Habíamos estado hablando toda la noche del lugar donde vivía, y mi descripción del paisaje le había interesado bastante.
- Si, los cerros nos dan una hermosa vista. Por las mañanas el sol les da un brillo espectacular, digno de un cuento de hadas.- eso era muy cierto, era precioso observar ese instante en que el sol nacía cada mañana por detrás de las sierras y hacía brillar donde tocara.
Capté que Connor también estaba muy interesado.
-Me encantaría llevar mi equipo de producción a Kensinvania, para algunas fotografías.- se quedó pensando muy enserio la mujer, con un puño soportando el peso de su mentón.
- Podría arreglar un equipo para cuando quieras, aunque es un poco difícil llegar hasta La Cumbre luego de Kensinvania ya que el camino se transforma en un camino de tierra muy primitivo.- aportó Leicia que aún recordaba lo difícil que era llegar desde la estación.
-Conseguiremos unos buenos autos, o lo que sea, por eso no hay problema.- dijo muy decidida la mujer.
- El camino debe ponerse difícil por todo lo lindo que describiste antes.- afirmó Connor, algo soñador y volviéndome a sonreir.
-S-si… para llegar ese lugar tan hermoso uno tiene que esforzarce.-
- Leicia, anota eso en mi agenda para el lunes. Quiero pensar esta idea tan fresca.- le ordenó Cailea pasando los dedos por las sienes.
-De acuerdo, Cai.- le contestó Lei, quién sacó su palm y anotó todo muy rápidamente.
Al terminar el postre tan delicioso, se nos sirvió café en pequeñísimas y muy delicadas tacitas con grabados japoneses en verde.

- Todo estuvo muy rico como siempre, Cai.- dijo Connor incorporándose. Se acercó hasta ella y le dio un muy tierno beso en la mejilla.
- Te espero mañana, y a Ocean también.- Connor asintió. Se acercó hasta mi, me beso en la mejilla y casi me sentí desmayar.
Luego la besó a Lei y le dio un abrazo bastante cariñoso. Salió por el pasillo saludándonos muy enérgicamente con la mano. Le respondimos el saludo.
Los sirvientes retiraron las tacitas, y Cailea se levantó algo pesadamente.
- ¡Como comí!- dijo algo acalorada.- Me retiro, chicas. Espero que les haya encantado la cena tanto como a mi.- asentimos velozmente.- adiós, queridas nos veremos mañana.-

Nos saludamos con un beso en las mejillas y luego mi amiga y yo nos separamos de ella, hasta llegar a las escaleras.
Lei me acompañó hasta la habitación. Mientras me cambiaba y ella revisaba su palm, me comentó algo que me dio un poco de miedo.
- Quiero que sepas, que mañana sábado esto no va a ser el lugar tan tranquilo que conociste por los menos hasta el domingo.- lo dijo todo rápidamente y casi arrastrando las palabras. Terminé de ponerme el camisón de algodón gris y la miré con una ceja levantada.
- ¿Qué me estas queriendo decir?- le dije algo extrañada. Me acerqué hasta el borde de la cama donde se encontraba y me senté frente a frente. Se rió algo nerviosa.
- En esta casa es así todos los fines de semana.- me comenzó a explicar.
- ¿Así cómo?-
- Bueno, se llena de los amigos, socios y futuros socios de Cai. También están siempre invitados los chicos de la agencia de modelos que manejamos, más los amigos que ellos quieran traer. Pero por supuesto que no entra cualquiera sin una larga presentación de vida.- sonrió sarcásticamente.
- Entiendo, esta bien que me hayas informado. De todos modos, aunque la idea no me guste para nada porque ya me conoces – asintió.- tengo que atenerme a las reglas de la mansión, ya que soy solo una huésped.-
- Qué madura estas.- me dijo casi sin creerlo.

Nos volvimos a abrazar, y luego se dirigió a las escaleras de piedra.
- El desayuno es a las nueve. Cualquier cosa, sobre la mesita de luz te dejé una tarjeta donde escribí cuál es y cómo llegar hasta mi cuarto.- me dí vuelta para observar una tarjeta de anotador llena de tinta azul.
- También esta mi número de cuarto, el de mi palm y mi localizador.- la miré estupefacta.

Largo una carcajada al ver mi cara y luego bajó las escaleras, la seguí con la mirada hasta que desapareció por la puerta de madera y todo quedó en completo silencio como a mí me gustaba.
El día de mañana sería algo que afrontar ya que seguramente habría mucho ruido y movimiento.
Salté sobre la cama y me aferré de algunos de los tantos almohadones que estaban a mí alrededor.
Me quedé mirando el cielo razzo, todavía la lluvia golpeteaba las ventanas. Estaba muy cómoda y el clima era perfecto.
Sin taparme siquiera, me quedé profundamente dormida en esa posición.

Al día siguiente, desperté por el calor. Me incorporé en la mitad de la cama, y me limpié el sudor que me recorría hasta el pecho.
Busqué el vaso de agua sobre mi mesita de luz, y mientras lo agarraba leí la hora en el reloj antiguo.
-Las ocho…- susurré con la boca algo seca, me bajé el agua del vaso de un sorbo. Me fijé si había más en la jarra, pero recordé que ayer la habíamos acabado entre Leicia y yo.
Algo a regañadientes, me puse unas pantuflas blancas simples y me dirigí hasta la salida.
Todo estaba muy quieto.
Pasando por las puertas y ventanas del pasillo, capté los sonidos de los pájaros en el jardín.
Bajé las escaleras con cuidado, ya que estaba media dormida y no quería matarme.
Caminé bastante hasta llegar a las cocinas que Matt me había enseñado el día anterior.
No me encontré ni vi a absolutamente a nadie durante el camino.
Cuando abrí la puerta, la cocina estaba desierta. Fui hasta una heladera, y tomé una botella de agua mineral pequeña.

La bebí desesperada, el calor se sentía ahora aún más.
Aunque estaba vestida solo con ese camisón tan finito, el sudor continuaba en mi pecho y en la frente sobre todo.
Debía hacer 25 grados o más.

En La cumbre teníamos temperaturas bastantes dispares e impredecibles.
En un mismo día podía ponerse violentamente lluvioso, luego salir el sol y despejar todo en cuestión de minutos.
En el día la temperatura podía variar de 18 a 29 grados, pero cuando caía la noche variaba de 16 a 10 grados. Algo completamente sorprendente.
Ni hablar si llovía torrencialmente como ayer a la noche, el puente que nos conectaba con el pueblo más grande y cercano, podía ser tapado por el rió que venía de las montañas y aprisionarnos allí.
En invierno nevaba y las casas quedaban cubiertas por la escarcha como si fueran de azúcar y mazapán. Ya comenzaba a extrañar mi hogar…

Aún tenía algo de sed. Así que tomé otra botellita y salí al jardín.
El sol estaba más brillante que nunca y el césped muy verde.
Sería un día genial para nadar en la alberca.
Pasee por el gran jardín, observando detalladamente las flores.
En un sector se erguían unas hermosas amapolas rojas, que se bamboleaban con el viento.
Ojala tuviera una cámara fotográfica para capturar ese bello momento.
Escuche el sonido de unas persianas que se abrían detrás mío.
No voltee, y salí casi disparada al interior de la mansión.
Volví a recorrer los pasillos y subir las escaleras hasta llegar a mi habitación.
Abrí las ventanas aún con gotas de lluvia y luego me senté junto a la mesita de luz. Tomé la tarjeta con el número telefónico y llamé.
-¿Hola?-
-Lei ¿Me acompañas a desayunar?-
-Hola hermosa, claro. Encontrémonos en el comedor en quince minutos.-
- Nos vemos ahí, adiós.-
-Adiós.-
Colgué y fui hasta donde estaba mi gran bolso aún sin deshacer.

Me vestí con una remera de manga corta blanca con rayas negras, y escote en v; un jean Oxford y las mismas zapatillas de hebillas doradas.
Bajé hasta llegar al comedor, donde para mi sorpresa estaban a la mesa Matt junto a otro señor de unos 40 años conversando en voz muy baja. El hombre tenía unos labios muy finos, los ojos marrones, nariz amplia, orejas pequeñas, con la tez algo bronceada y estaba vestido de traje gris oscuro. Debajo tenía una camisa blanca desabotonada por el calor.
En el centro estaban desayunando cereales (los típicos para niños) dos chicos muy apuestos que no tendrían más años que Connor.
Los dos estaban vestidos de verano, con remeras blancas y pantalones y bermudas también blancos.

Uno era de pelo corto rubio, algo despeinado con ojos claros y labios carmesí. Sus mejillas tenían un suave rubor que sobre su piel pálida, lo hacía parecer un muñeco de porcelana.
Sus cejas, algo más oscuras que su pelo, estaban medianamente pobladas. Sus brazos eran delgados pero bastante musculosos.

El otro muchacho parecía unos años más joven, de aspecto mojigato, con el pelo castaño claro corto con puntas puntiagudas que apuntaban a todos lados.
Aunque estaba sentado, pude notar que era algo petiso. De orejas medianas, anteojos redondos que cubrían sus ojos celeste tropical y con un poco de barba rubia estilo candado que llegaba hasta sus patillas.

Me quedé parada frente a la mesa durante unos segundos, hasta que por suerte, sentí el abrazo de mi amiga.
- ¡Sakin, realmente estas acá! ¡No era un sueño!- exclamó llamando la atención de los presentes. Los muchachos apartaron las cajas de cereales de colores para poder observarnos mejor.
- Hola, Lei.- dijeron casi al unísono los muchachos.
- ¡Hola chicos!- luego me soltó y miró a los otros dos hombres. – Hola Auders.- ignorando completamente a Matt.
- Hola, preciosa.- le respondió el hombre sonriendo ampliamente hasta formar unas arrugitas alrededor de sus ojos. Pero no dijo nada sobre su opción por no saludar a Matt, que no prestó la menor atención. Los tres debían estar acostumbrados.
- Sentemosnos acá, frente a estos chicos de porcelana.- bromeó mi amiga.
- Ya basta.- dijo el rubio sonrojándose, su compañero se rió también un poco avergonzado.
- Es cierto, Hyden. Sos hermoso. Aceptalo.- le siguió bromeando con la clara intención de hacerlo sonrojar aún más. Lo cual logró.- ¿O no, Sakin?- largó una escandalosa carcajada que fue acompañada por mi nerviosa risa.
- No nos presentaste a tu amiga, Lei.- le recordó el chico de anteojos.
- En eso estaba. Ella es Sakin, mi amiga del campo.- me señaló, luego se dirigió a mi.- el rubio precioso que tenes en frente, es mi querido amigo Hyden.- el chico levantó la mano como diciendo “presente” y después continuó devorando sus cereales.- el otro chico precioso que esta a su lado es Dabiel, es nuestro cyber-ñoño personal.- y los cuatro volvimos a reir.
- No soy ñoño, me especializo en la electrónica y además de ser modelo, soy el que controla que la tecnología de toda la casa funcione. Tengo un cuarto especial para eso en el segundo piso.- me aclaró emocionado de contar su importante trabajo. Me sorprendió ya que no esperaba que un modelo tuviera ese cerebro, ya que el rumor mundial lo niega todo.

Lei se quedó mirando a los dos hombres que conversaban muy reservadamente en la punta, luego se volvió a los chicos mientras yo me servía cereal.
- ¿De qué hablan?- preguntó con el ceño muy fruncido.
Hyden tragó, y se dispuso a hablar:
- Por lo poco que pudimos escuchar, parece que hubo un problema con la campaña de perfume que iba a llevar su imagen.-
Lei chasqueó la lengua.
- Por suerte yo de ese chico ya no me encargó más, es un demonio. Pero pobre Auders que tuvo que hacerse cargo por orden de Cai.- se sirvió té verde a la vez que negaba con la cabeza.
- Hola mis queridos.- la voz ronca de Cailea nos hizo girar a todos. Hoy estaba vestida con un vestido simple blanco. - ¡Que hermoso día de verano!- gritó como liberándose. Todos menos Matt, asentimos.
- Cai ¿Ya desayunaste?- le pregunto Lei.
- No, ya se hizo tarde para eso querida. Voy a esperar para almorzar en el jardín.- su mirada nos recorrió hasta llegar a Matt que la miró muy seriamente.
- Matt, mi muñequito, tengo una propuesta muy fuerte para vos.- hizo una pausa en la que ella y todos los demás lo miramos, pues su rostro denotaba enojo.
- No te enojes conmigo, Matthew…tuve que hacerlo…lo que te tengo es mucho más grande y además vas a…- pero no pudo terminar su frase porque el muchacho se levantó con furia. Si hubiese sido un dragón, hubiese largado fuego quemándonos a todos. Su ira era muy notable.
Salió a su tradicional paso pasando por Cailea con una respiración bastante agitada.
-Uh…va a explotar.- dijo en voz baja Dabiel. Todos incluso Cailea nos habíamos quedado congelados por su reacción.
- Cai, dejalo…- le aconsejó Auders, se dirigió hacia ella y con mucha delicadeza la tomó de un brazo y salieron por la misma puerta por donde Matt había salido.
- ¿Qué fue todo eso?- preguntó muy extrañado Hyden con la cuchara llena de cereal congelada hace 10 minutos por la escena.
Todos miramos a Lei.
-¿Todavía no lo entendes, verdad? Me lo acabas de decir.-
-Oh…- exclamó entonces Dabiel, había algo que me estaba perdiendo al igual que Hyden.
-Cailea fue la que lo sacó de la campaña.- concluyó cruzándose de brazos.
Ambos chicos, incluida yo, miramos ahora estupefactos la puerta negra por donde los demás habían salido…


ya es 2010!! y empezaron las vacacioneees viva vivaaa
n.n